Entrevista a Carles Candela en el Festival Punto de Vista

El realizador, y redactor de Unstate, Carles Candela ha presentado en la 10ª edición del Festival Internacional de Cine Documental de Navarra, Punto de Vista, su película Materialista, idealista, cinematógrafo, magnetófono, buen chico y sádico (2016). Un trabajo de investigación fílmica centrado en la figura del artista José Antonio Maenza

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-La verdad es que me he enterado de quién era José Antonio Maenza por el Punto de Vista; seguro que te han dicho más de una vez que es un gran desconocido, ¿verdad?

Es raro encontrar a gente que le conozca, por lo general cuando le comento a alguien de qué va mi película siempre tengo que contar cosas sobre Maenza y explicar de quién se trata. Una vez metido de lleno en el proyecto fue apareciendo gran cantidad de gente que decía conocerle o haber coincidido con él en algún momento. La labor de filtrar, quién me parecía interesante y quién no, fue difícil, pero he de decir que entre todos los maencistas he encontrado a gente maravillosa que me ha ido descubriendo al personaje, cada uno de ellos desde perspectivas muy diferentes. Curiosamente una de las personas que más me han influido en esta busqué fue el que fuera mi profesor de historia del arte, Fernando Ros. Al poco de empezar mi investigació le escribí, hacía casi diez años que había acabado la carrera y no sabía si se acordaría de mí. Le comenté que estabá trabajando sobre un personaje que me recordaba algo sus clases, concretamente cuando hablaba de la figura del dandy como alguien que hace una obra de arte de sí mismo. Su contestación fue muy lacónica y seca. Al cabo de unos meses me volvió a escribir disculpandose por aquel e-mail tan, en cierto modo, cortante. Al parecer había removido recuerdos de su juventud ya que tanto él como Leopoldo María Panero habían compartido aventuras en los años que coincidieron en Valencia. Desde entonces Maenza nos ha unido y puedo decir que Fernando ha pasado a ser uno de mis mejores amigos y el principal colaborador intelectual de este proyecto.

-¿Cómo lo conociste tú y por qué te decidiste a hacer dos trabajos sobre su figura?

Lo conocí hace unos 13 años por una entrevista que hice a Luis Puig para una serie documental para televisión en la que trabajaba entonces. Para ilustrar aquella entrevista utilizamos una serie de fotografías que en cierto modo me resultaron atractivas. Posteriormente en otra serie documental para televisión dedicamos un capítulo al cine independiente que se realizó en Valencia en la décadas de los años 60 y 70. Ahí entrevistamos a Pere Portabella y Jenaro Talens entre otros. A partir de ahí es cuando empezó interesarme el personaje. Fueron claves para su conocimiento los trabajos realizados por los profesores Pablo Pérez y Javier Hernández y el documental realizado por la realizadora y profesora Graciela de Torres. Entonces decidí presentar un proyecto televisivo al Instituto Valenciano de la artes cinematográficas y a la Televisión valenciana. Se me concedió y me lancé a buscar a personas que habían intervenido en sus películas o habían estado en contacto con él de alguna manera. Hice el trabajo para televisión, pero el formato televisivo deja un estrecho margen de libertad ya que en cierto modo hay que amoldarse a sus parámetros por lo que no quedé satisfecho del todo. Alentado por Vicente Ponce y Pere Portabella intenté de dar una nuevo aire a este proyecto, tratar de ser menos didáctico y más sincero conmigo mismo. Fui descubriendo nuevos personajes y pensé que sería más interesante centrarme en qué suponía para mí el encuentro con Maenza, por lo que grabé nuevas secuencias y me senté a montar con todo el material, tanto el que realicé para el documental televisivo como el descubierto posteriormente a este. En ese momento las premisas fueron: trabajar sin ninguna limitación externa y desembarazarme de algún material que en su momento me pareció bueno pero que pasado el tiempo y visto con perspectiva se desviaba de mi idea. En resumen, lo que buscaba era en contacto directo entre Maenza y yo y no dejarme influir por las interpretaciones de otros, como erróneamente había hecho en mi anterior trabajo. Además, durante todo este tiempo fui descubriendo a un Maenza diferente al que yo había ido a buscar: yo buscaba un artista, cineasta, poeta, agitador cultural, etcétera y con el tiempo y gracias a gente como Suso Navarrete, uno de sus mejores amigos de sus últimos días en Teruel, descubrí a una persona muy cariñosa, que disfrutaba con cosas sencillas como ver atardecer, comerse unas golosinas, pasear con sus amigos o bailar. Todo este proceso ha sido para mí toda una experiencia vital en la que más que tratar de buscar a un personaje ha supuesto una búsqueda de mí mismo. De hecho puedo decir que mi vida tiene un antes y un después de Maenza y todo lo que le envuelve

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-¿Qué nos presentas en la semblanza que mostrarás en el Punto de Vista y por qué la has titulado con esas seis palabras?

Lo que he tratado de mostrar es qué me he encontrado yo cuando he ido a buscar algo sobre Maenza. Trato de mostrar esos momentos de enfrentamiento directo con sus imágenes o cosas que he oído cuando iba a grabar alguna entrevista. Sobre todo para mí fue especialmente emocionante cuando pude acceder a la Filmoteca de Zaragoza y tocar el negativo, así como cuando fui a un laboratorio de Barcelona, donde Pere Portabella me avisó de que acababa de encontrar una latas perdidas en un archivo e iba a tratar de restaurar el material. Como amante que soy, al igual que lo era Maenza, de la materialidad fílmica, fue apasionante ver la luz que desprendían aquellas imágenes. Cuando empecé a descubrir su rostro en el interior de las imágenes de sus películas sentí que eso era lo más cerca que había estado de él, ya que lo que estaba viendo era la huella dejada por la luz que él mismo reflejaba.
Lo que he tratado es de contar esa búsqueda a través de los pliegues de la imagen, pero me refiero a los pliegues de la construcción de esa imagen, por tanto serían los pliegues de la producción. Aunque más que pliegues hablaría de las costuras. Es decir se cuenta a través de los momentos en los que se está preparando la imagen, el plano o los momentos previos o posteriores a la entrevista, cuando no se está posando ante el dispositivo de grabación. Creo que es ahí donde se revela mi verdadera búsqueda. Lo que aparece en la película es lo que no suele aparecer en un documental o en un reportaje convencional: los momentos en los que se está buscando la imagen, que es la verdad de porqué estamos ahí.
Respecto a las 6 palabras del título, éstas formaban parte de una auto-presentación que él mismo escribió cuando se presentó para participar en un grupo literario en la Facultad de filosofía y letras de la Universidad de Zaragoza. Creo que esa auto-presentación es magnífica y define a la perfección al personaje. En el documental aparecen al principio cuando Juan Marín y Alejo Lorén, otros de los personajes claves en mi búsqueda, las leyeron del texto que Maenza envió para formar parte de un grupo literario que posteriormente editaría una antología de jóvenes poetas aragoneses.

-Por lo que he leído de Maenza, fue un autor radical en el sentido de honesto y fiel a sí mismo, ¿es correcto?

Si hay que valorar a Antonio Maenza por algo es por su obra artística. Tanto sus películas como sus escritos poseen un inmenso valor como ejemplos de ruptura de convenciones previas y lenguajes preexistentes. Como lector compulsivo y voraz descodificador cultural, dejó ver en su obra la impronta de los más transgresores movimientos artísticos y culturales que se estaban desarrollando alrededor de los años 60 y 70. Algo muy difícil de realizar debido a la censura que existía en la España de entonces. El situacionismo, el estructuralismo, la semiótica, la literatura maldita de Rimbaud, Lautréamont, Bataille o Artaud; el estudio del psicoanálisis lacaniano, el cine de Godard, Pasolini o Glauber Rocha entre otros; o la cultura pop, fueron las referencias que ayudaron a dar forma a una obra inabarcable. En ella aportó valiosas soluciones formales a la realización cinematográfica, así como a la forma de desarrollar el proceso de producción y su inclusión creativa en la forma fílmica. Todo ello no estaba, ni está, al alcance de cualquiera. Sólo alguien excepcional, con una capacidad creativa fuera de lo común y con una sensibilidad extrema podía ser capaz de ello. Su obra artística -siempre en curso, si no en fuga- obedecía al goce del proceso y trascendía cualquier artefacto en el que se pudiera materializar. Las situaciones que creaba y que subvertían los hábitos cotidianos, la puesta en cuestión de cualquier norma establecida, el rechazo sistemático a la estupidez y al moralismo cobarde, el choque dialéctico al que sometía a sus interlocutores, o una actitud poética frente a la vida son ejemplos de su forma de actuar. Por todo ello no creo que sea justo, cuando se habla de él, poner el acento en ciertos estigmas que le cayeron encima, debido sobre todo al momento histórico en el que vivió y a su permanente subversión de los códigos dominantes.

-¿Quiénes fueron sus principales influencias artísticas y por qué se decantó por un medio, el cine, en el que mayoritariamente se trabaja por la permanencia de la obra, para que se vea una y otra vez, cuando él creía más en los procesos y en lo efímero?

Como alguien me contaba, él podía ver en una revista dos fotogramas de un filme de Godard y a partir de ahí crear un discurso, que podía ser delirante, pero que poseía una coherencia absoluta. Tenía un gran olfato y sabía recoger cualquier referencia que llegara a sus manos, como Vertov, Pasolini o incluso el cine clásico de Hollywood.
Más que de influencias artísticas se podría hablar de influencias intelectuales. El situacionismo es clave para entenderle así como la semiótica, el estructuralismo, el marxismo, el psicoanálisis, y todas las corrientes filosóficas propias de aquellos años, que devoraba y que parece ser vivía al límite, ejemplo de ello sería la voraz lectura que realizó de El antiedipo, de Deleuze y Guattari, ya entrada la década de los años setenta. A nivel literario Bataille, Artaud, Rimbaud, Lautreamont…
Respecto a por qué se decantó por el cine, bueno creo que el cine fue una de las distintas disciplinas que utilizó para expresarse. Su libro Séptimo medio indisponible es un ejemplo de su actividad literaria. Es muy interesante lo que cuenta Pere Portabella: que cuando Meanza fue a visitarle para que le produjese su película Hortensia-Beance enseguida se dio cuenta que él no quería ni le interesaba hacer una película, ni mucho menos acabarla, él estaba realizando una experiencia a partir de la cual desarrollar su discurso. Creo que él en ese momento se decantó por el cine, como también hizo en otros momentos por la literatura, porque era lo que en aquel momento más le interesaba para desplegar su discurso.

-Su obra es muy breve, pero qué podría destacar de los títulos que vamos a ver en Pamplona (El lobby contra el cordero/Orfeo filmando en el campo de batalla/Hortensia)?

El goce del proceso. Yo creo que si le hubiera dado por ahí podría haber unido una película a la siguiente y a la siguiente y convertirlo todo en una. Él no estaba haciendo una película, esta haciendo otra cosa. De hecho nunca dio por terminada ninguna de ellas. Para él eran algo que estaba continuamente en proceso y siempre que tenía una oportunidad volvía a ellas. Creo que es interesante diferenciar entre la frescura de El lobby contra el contra el cordero, la deriva, en cierto modo, más política de Orfeo filmado en el campo de batalla y la propuesta más formal de Hortensia-Beance. Pero como he dicho, todo podía formar parte de la misma película, del mismo proyecto, su proyecto vital.

-¿Era su cine político en el sentido de revolucionario, de entrega absoluta?

Para mí era revolucionario no sólo en el sentido político, si no también en el estético y formal. Creo que practicaba la transgresión como cuestionamiento o puesta en evidencia de todo aquello establecido por cualquier tipo de sistema. A mí me da la impresión que a Maenza este mundo lleno de normas, de reglas de comportamiento, de estructuras sociales le resultaba extremadamente incómodo, suponía algo contra lo que luchar en cualquier aspecto de la su vida, no sólo en el creativo y estético. Según me comentaba Enrique Murillo, quien fue co-guionista, por decirlo de alguna manera, y operador de cámara en El lobby contra el cordero ” su estética era el puro puñetazo en la frente, era destrozar todas las ideas existentes porque todas eran malas, para eso tenía que romperte la silla y que te cayeras al suelo viendo la película”. No sólo la película era la revolución, si no cómo hacerla, todo el proceso formaba parte de una puesta en cuestión de lo establecido, y si era haciendo una película, pues bien, como también podía ser entrando a una frutería y preguntándole al dueño si había leído El capital.

-¿Hay público para su trabajo?

Cuando visité Leopoldo María Panero para hablar sobre Maenza, en un momento de lo que podría llamarse entrevista me dijo: “El único que podría entender a Maenza soy yo ahora”
Creo que su trabajo tenía un gran sentido entonces, sacar a la luz todas las incongruencias del sistema. Ahora, tal como se hn desarrollado la cultura desde aquellos años creo que no estamos preparados para ese tipo de propuestas estéticas, aunque considero que su contenido es necesario para los tiempos que corren.

-Viviendo como vivió el mayo del 68, ¿cómo cree que vería hoy movimientos como el 15M o partidos como Podemos y otros similares?

No lo sé, supongo que estaría de acuerdo con cualquier forma de lucha contra el sistema, ¿De qué manera podría actuar o implicarse?, no lo sé, aunque creo que no era muy proclive a participar en manifestaciones y revueltas. Lo suyo era crear micro-revoluciones, despertar las mentes que tenía cerca. Pienso también que su forma de ver tales acontecimientos dependería en parte de a qué época de su vida nos refiriéramos. Posiblemente el Maenza de El lobby… con sus 18 o 19 años hubiera podido tener una actitud participativa, no sabría de qué manera, pero probablemente muy poco convencional, incluso respecto a los mismos que se encontraban ahí, en medio de las protestas. Creo que Maenza no era partidario de participar en grandes revueltas, ni de pertenecer a grupos, lo suyo eran más las micro-revoluciones, encontrase con otras mentes y crear dialécticas en las que el choque era la característica fundamental de su proceder. Si hablamos del último Maenza posiblemente se quedaría mirando los acontecimientos desde una esquina sumido en el silencio que por entonces parecía caracterizarle, y ¿quién sabe que podría estar pasando por su mente?.
Por otro lado, como he dicho antes, Maenza era una persona que disfrutaba de la sencillez, era muy de tocar, de estar cerca de la gente, del contacto físico y directo, de vivir el presente con los cinco sentidos. Todos los cambios sociales ocurridos en los últimos años y que tienen como motor los avances tecnológicos y consecuente la virtualidad que deriva de ellos no encajan con una persona como él. No me lo imagino exponiéndose a las redes sociales, ni participando del circo mediático y la estupidez que nos envuelve, o quizá sí, de todos modos el ámbito de su revolución al parecer se limitaba a lo que podía tocar y sentir de forma directa. Es curioso lo físicas que resultan formalmente sus cartas, en ellas no es importante el contenido de lo que escribe si no la huella física que deja, tanto en la caligrafía como en los subrayados o en los espacios en blanco que deja en la hoja o en el hecho de dirigirse directamente al cartero en el espacio del sobre de una carta dedicado al destinatario.

-¿Cómo le trató el entorno cinematográfico y personal?

A mí me da la impresión que allá donde estuvo fue un catalizador de procesos libidinales. Creo que no se consideraba para nada un cineasta, ni perteneciente a ningún grupo que se dedicara a ello. Él se aprovechaba y activaba a gente que tenía intereses similares. Al parecer cuando llegó a Barcelona y empezó a frecuentar los ambientes más alternativos, según Emma Cohen, “irrumpió como una bomba, fue un shock para todos ellos, era fantástico, parecía que estaba enchufado a una red eléctrica. Era el pensamiento continuo, la palabra continua, tenía una energía devoradora, impulsaba a estar con él porque parecía un iluminado, además con mucha convicción, era pura acción, y eso, entonces, era buenísimo”. Por otro lado Pere Portabella reivindica que se hable más de Maenza dentro de lo que podría ser la historia del cine español. Yo creo que él hizo cosas totalmente diferentes con las imágenes, cosas a las que nadie estaba acostumbrado, pero desde fuera de la “institución” cinematográfica. Lo suyo iba totalmente en contra a los esquemas narrativos y formales de lo que se consideraba que podía ser el estándar cinematográfico de la época, o de cualquier época. Creo que desarrolló formas diferentes con las que trabajar la imagen. También he oído que mucha gente de la época, relacionada con el medio cinematográfico, que vio sus trabajos, los recibió con cierta indiferencia

-No está claro qué le sucedió, aunque siempre se habla de suicidio, ¿era demasiado sensible o quizá incapaz de traicionarse a sí mismo como es posible que tuviera que hacer si quería seguir trabajando?

Este tema se puede tratar desde distintas perspectivas, algunas más poéticas y otras más prosaicas. Años antes había fallecido su madre y uno de sus mejores amigos, el poeta Eduardo Hervás decidió darse fin. Parece que estos, entro otros muchos más acontecimiento ocurridos durante los años 70 fueron de suma influencia en su personalidad. Lo que sí es cierto es que era una persona extremadamente sensible, de una sensibilidad llevada al máximo y posiblemente la deriva que estaba llevando su vida le llevara a ello. También es posible que se hubiera agotado y pensara que ya no tenía más que hacer ni que contar. Lo que es evidente es que las dudas que albergan muchos de los que le frecuentaban durante aquellos años sobre si su muerte fue realmente un están bastante fundamentadas.
La incorporación a la vida real no parece que fuera algo de su agrado, ver que sus amigos seguían una carrera profesional parece que lo iba dejando descolgado. Parece que durante sus últimos día hizo algún intento de volver a estudiar algo, pero parece que tanto física como mentalmente no estaba en las mejores condiciones para ello. Puede que en cierto modo pensara que con lo vivido ya había suficiente, no sé.

-¿Cuál diría que es su legado, qué podrían aprender de él los creadores audiovisuales de hoy?

A rodar sin ningún tipo de ataduras ni condicionantes, pasar por encima de limitaciones técnicas, enfrentarse directamente a la realidad y jugar con ella para crear otras realidades que al mismo tiempo sean transgresoras y nos revelen la impostura de lo establecido.